06 abril 2011

La misma piedra, distinto pie (el izquierdo)

Hola, después de algunas semanas (y varias declaraciones de impuestos anuales) estoy de vuelta.

Ayer se recordaron 19 años de aquella noche que vi a Alberto Fujimori en la televisión anunciando algo que no entendí muy bien en ese momento, aunque recuerdo la fuerza que transmitían sus palabras: “El Chinito” botaba de una patada a sus opositores, y tomaba todo el poder en sus manos. Mis padres, dormidos, sólo se enteraron a la mañana siguiente en el desayuno: luego me fui al colegio, creo. ¿O no hubieron clases ese día? La memoria es vaga en ese punto, pero recuerdo que en la primera ocasión que tuvimos después de eso mis compañeros del 5to Año A comentamos lo que había pasado y todos apoyaron lo hecho por el Presidente. A fin de cuentas Fujimori se había librado de unos indeseables que no lo dejaban gobernar, ¿no?

Así fueron las cosas. Posiblemente muchos aún estén a favor según un estudio de Ipsos Apoyo que dice que un 52% de los peruanos estaría dispuesto a apoyar a un gobierno autoritario. Uno tiende a creerlo, considerando la gran simpatía que Ollanta Humala y Keiko Fujimori tienen. Uno de ellos podría ser el próximo Presidente. ¿No es triste que no hayamos aprendido nada? Tampoco es que sea una sorpresa: somos un país de ignorantes y comodines que sueñan en que el Gobierno haga todo por ellos. Complejo de huérfano: en su fuero interno, millones de peruanos no quieren un presidente sino un Papá que les diga lo que tienen que hacer. Total, es más fácil vivir así, pensando lo menos posible. Lo verdaderamente arduo y difícil es ser libre. A lo sumo, los más ambiciosos pretenden ser un hermano mayor que se imponga a los menores.

La hija del dictador (de la cual no vale la pena hablar) y el militar que jura que no será un dictador, aunque tras suyo tiene elementos que no son exactamente respetuosos de la opinión ajena, o sea de los que no somos marxistas y/o o queremos mamar del Estado. Además es milico; su idea de gobernar es mandar a los subalternos y que le cumplan todo “sin dudas ni murmuraciones”. OK, tiene su carisma y no es que él y su familia no hagan una bonita postal, empezando por su esposa, Nadine, que en una realidad alternativa invitaría a salir. Pero lo siento, a inicios de la década pasada también pensé que Eliane Karp era guay y mira el harpía que era.

Fujimori ese 5 de abril de 1992 cerró el Congreso porque no le era afín, y puso de cabeza el resto de instituciones para asegurar sus reformas neoliberales y la lucha contra los subversivos comunistas, asuntos impostergables en ese entonces la verdad. Ollanta jura que no hará algo así, pero en el próximo Congreso su partido tendrá una minoría en un congreso dominado por sus rivales ideológicos. No sería de extrañar que la oposición no sea feroz a cualquier reforma de las muchas que Ollanta ha prometido y que sus seguidores más radicales desean sí o sí para desarmar el “corrupto y hambreador sistema neoliberal y entreguista”. Así que estamos en las mismas. Como en el tiempo de Fujimori, presionado Ollanta ¿no iría y volvería a tomar el control de todo, pero esta vez en nombre de la justicia social? Como un Robin Hood, como Moisés (en realidad su otro nombre porsiaca) partiendo el Mar Rojo y Blanco, cual cierto presidente bolivariano.

Venezuela no es una referencia casual: fue el modelo de Humala hace 5 años y que ahora él niega. Dicen algunos que Fujimori fue un ladrón y asesino que vendió el país y que por eso es un dictador y Hugo Chávez (el mentor de Ollanta Humala y sospechoso de ser su financista) no. Sin embargo, tanto uno como otro han hecho uso de los regalos a los más pobres para legitimarse. Ambos hicieron una Constitución a su medida para reelegirse. Ambos despotricaron contra los oligarcas y políticos tradicionales, aunque el primero luego se reuniera con ellos y el segundo… ¿quién sabe? Y si hablamos de robar… sólo estuvimos seguros cuando Fujimori cayó. Chávez no ha caído, así que sus seguidores no pueden cantar victoria aún. La gran diferencia es que a Fujimori casi todos lo apoyamos la mayor parte de su decenio, y Chávez (y a Humala si ganara) tiene a su población dividida en dos. Si no lo tumban con una marcha es porque la mitad que lo apoya está organizada al estilo castrista con el dinero del petróleo.

Fujimori… Ollanta. Derecha… izquierda. Es como verse en un espejo oscuro la historia de los últimos veintiún años.

2 comentarios:

Tomas Bradanovic dijo...

Si, de acuerdo pero hay un detalle: una dictadura de derecha es más fácil de botar que una de izquierda, Cuba lleva como 50 años y Venezuela va para lo mismo.

¿Cuantos años duró Fujimori después del autogolpe?. La izquierda tiene una vocación de poder mucho más fuerte y muchos menos escrúpulos. La izquierda en el poder es irreversible, excepto por la violencia.

Sin mencionar que todos los gobiernos se ponen autoritarios y dictatoriales cuando llegan al poder, sea en elecciones o no lo primero que hacen es tratar de eternizarse.

Un Oso Rojo dijo...

No había caído en ese detalle: "una dictadura de derecha es más fácil de botar que una de izquierda". ¡Rayos! Más stress.

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